AVILA: CIUDAD PARA DESCUBRIR, NO PARA DESTRUIR


Plaza del Grande antiguamente Estoy vinculado a Avila desde los cinco años y como profesional quiero exponer mi tremendo descontento porque se ha perdido en la Plaza de Santa Teresa la oportunidad de realizar, como parecía obligado, una plaza “abierta al valle de Amblés y al sol”, vital para esta fría cuidad, tal como la Plaza de Lisboa está “abierta al mar”.

Una de las funciones de la arquitectura es la “modelación de un lleno” así como una de las funciones del urbanismo es la “modelación de un vacío”. Cuando ves desde un avión una ciudad tradicional (normalmente de generación espontánea), se observa principalmente la malla y los nódulos que forman las calles, plazas y jardines; se aprecia nítidamente el dibujo de ese vacío; no así el lleno constituido por la edificación. La morfología de las diferentes tramas dan personalidad a las ciudades; Avila es un claro ejemplo de ello. En algunas tramas modernas, por el contrario, lo que se observa es el “lleno” (edificios) quedando el vacío como un espacio residual no coherente.

Los espacios abiertos de cualquier centro urbano quedan definidos por la piel que forman los edificios que lo rodean. Avila, con muy buen criterio, ha ido suprimiendo las “verrugas” de esa piel para dejar limpias las murallas y los monumentos que han llevado a proclamarla Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Le llegó el turno al “Grande”, como llamamos a la Plaza de Santa Teresa. Esta era una plaza con dos monumentos protagonistas en lados opuestos: la Iglesia de San Pedro y la Puerta del Alcázar, unidos por una fachada porticada típicamente castellana. Cerraba la plaza una cuarta fachada, anodina y fría en todos los sentidos, incluso estéticamente, que ocultaba además parcialmente la Iglesia de La Magdalena. El motivo principal para modificar este espacio supongo que fue la realización de un gran aparcamiento subterráneo; a mi modo de ver totalmente acertado, ya que despejaría de coches el centro histórico. Se derribó la cuarta fachada y, a la hora de tratar el vacío que ésta dejaba, cualquier urbanista que se precie hubiera descubierto la posibilidad de solear la plaza e incorporar, enmarcándolas, las vistas del Valle de Amblés. En lugar de esto, se ha optado por colocar una pantalla que pretende sin fortuna competir con la monumentalidad de este histórico conjunto, pisoteando aún más la belleza de la cabecera románica de La Magdalena, en lugar de mostrarla con todo su encanto. “La originalidad es volver al origen”, como dijo Gaudí. 

La plaza antes del edificio No entiendo que Rafael Moneo, a quien he admirado y admiro, haya caído en semejante barbaridad; no es necesario recordar sus méritos, su capacidad profesional ha quedado más que demostrada, su habilidad ha sido magistral y su figura bendecida con el título de “vaca sagrada”, ..... pero esta vaca hace caca, como cualquier otra vaca, sólo que por su condición lo hace en los sitios más importantes. No quiero usar este escrito para discutir la calidad arquitectónica de estas polémicas construcciones o la fiabilidad de su valor intrínseco, simplemente afirmo que un edificio, por bueno que éste sea, no puede crecer en un espacio histórico sin respetar las posibilidades del lugar ni la memoria de sus piedras. Los edificios telón en el “Grande” son un desastre urbanístico y una calamidad conceptual.


He pasado en Avila mi infancia, la guerra y mi juventud, y he amado y amo a esta ciudad de una forma especial. He paseado por la plaza del “Grande”, por sus soportales y he disfrutado del sol en ella; recuerdo “El Aguila”, “Pepillo”, “La Peña” .... y otros bares y centros de reunión. He pasado en Avila una juventud plena de vida. Me he sentado en el banco corrido del paseo del Rastro, me he extasiado observando las cascadas de tejados, la iglesia de Santiago y el valle de Amblés; he escuchado desde allí el silencio, sólo interrumpido por el cimbanillo de la Catedral llamando a misa. Ya arquitecto, me presenté al concurso de la Plaza de Toros, que ganamos y realizamos. “La imaginación es la mirada del alma....”. Mi amor por Avila está lleno de recuerdos; he vivido en todos sus rincones, sus monumentos y sus piedras llevan algo de mí. Yo quiero pensar que me recuerdan, al menos yo las acaricio de vez en cuando. Al ver el inicio de las obras en la Plaza de Santa Teresa, pensé que se había acertado y sentí: el valle Amblés y el sol han entrado en “el Grande”, Avila sigue descubriendo sus bellezas. Cuando después vi el “TELON“ con el que han cegado la plaza, sentí con la misma intensidad una profunda indignación. 

Una corporación municipal, unos políticos amparados en la legalidad y en el indiscutible prestigio de un arquitecto no pueden actuar con semejante osadía y atentar contra un Patrimonio de la Humanidad, que por su propia condición nos pertenece a todos. Bajo la bandera de la legalidad, de la política y del dinero se han cometido las mayores atrocidades de este mundo. “Las leyes generalmente prestan excusas a los vicios” ..... no justifiquemos lo que es inaceptable para un pueblo sano. Esta actuación urbanística tiene la misma vocación de brutalidad que tuvo la de Carlos V en la Alhambra o la de la catedral católica que se construyó en el corazón de la Mezquita cordobesa.

Confío que el pueblo soberano de Avila utilice todos los medios a su alcance para corregir este disparate; “la opinión pública es un poder al que nada se resiste”



Juan Pedro Capote, un amante de Avila

En imágenes...
El grande cara al valle de Amblés. Plaza balcón soleada
El valle de Amblés tapado por el edificio. Plaza cerrada helada

Así está la plaza del ejercito con vehículos y con el polémico edificio "A" Sin vehículos y sin el edificio del grande, la plaza del ejercito quedaría así

La fachada románica de Santa Magdalena pisoteada por el edificio.

La sombra del edificio en verano.
¿Qué será en invierno?